Te condeno a no descansar nunca
A recordarle entre sueños
Por arrepentirte tarde
o por enamorarte luego
Salvación no habrá
en evadir lo cierto
ignorar el problema
o agredir al muerto
Mientras te duches
Solo en tu silencio
Cargarás con la culpa
Del corazón que fuiste dueño
Y del órgano que aún late
al que viste ralentizar
débil, frágil, tenue,
y que no supiste amar
Con dureza acribillaste
los sentimientos del finado
¿su único pecado?
A su ritmo haberte deseado
Entonces, por mucho que a Dios pidas
que te perdone por el entuerto
Nada te quita la culpa
Por ti, el amor está muerto
Y que en tu último día entiendas
Que tu dolor no fue externo
Fuiste tú mismo
quien se arrojó a este infierno.
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